Una boda para la historia

Tras la resaca de la boda más esperada del año y después de leer un sinfin de artículos sobre el vestido, el velo o los invitados, quería reivindicar algo que se olvida en muchas de las lecturas de estos días y que estuvo más presente: el amor y lo diferente.

Quizá porque ya conocía a Meghan Markle y su trabajo antes de su compromiso con el Príncipe Harry esperaba esta boda con tantas ganas.

Meghan Markle más allá de interpretar a Rachel Zane en Suits o ser ahora la duquesa de Sussex, ha sido siempre una feminista comprometida con la igualdad de género y las causas sociales. Con solo 11 años, formó parte de una campaña contra una marca de detergente que había utilizado lenguaje sexista en uno de sus anuncios en televisión. En sus años como actriz no ha parado de reivindicar el papel de la mujer en el mundo

Presenciar la boda de una actriz americana, divorciada, con raíces afroamericanas y el soltero de oro de la casa Windsor no puede significar más que una señal más de que las cosas -por fin- empiezan a cambiar en este mundo. 

Más allá del tan esperado vestido, el número de invitados o la repercusión internacional del evento, ayer todos presenciamos algo mucho más grande. 

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Fuimos testigos de como Meghan Markle caminó sola una parte en su camino hasta el altar; a su madre Doria, (que por cierto nos robó el corazón a todos) afroamericana y con un pircing en la nariz, caminando junto al Príncipe Carlos; y al obispo parafraseando a Martin Luther King. Unas imágenes históricas que han derribado muchos muros en un mundo que se empeña por construirlos.

Pero no solo se reivindicó todo esto, sino que se transmitieron unos sentimientos muy bonitos.

Me emocioné viendo al príncipe Harry esperando, nervioso, a la novia, y después, cuando Meghan Markle llegó a su lado y ambos no podían dejar de sonreir. 

Tampoco pude contener las lágrimas con el maravilloso coro gospel y su "Stand by me".

El amor, las miradas de complicidad y las sonrisas de los novios traspasaron pantallas. Porque no vimos a dos royals, sino a dos personas de carne y hueso enamoradas.