¿De quién es la culpa?

Hace unos días me crucé con una camiseta de una marca conocida de moda low cost en la que una de sus etiquetas daba a entender que estaba fabricada de manera sostenible y ética. 

Sorprendida, miré la otra etiqueta y el precio: 4,99 euros. Me fijé dónde se había fabricado: Bangladesh. Y por último miré la composición: 100% polyester.

¿De qué manera podía ser esta camiseta sostenible? Sentí como si me estuvieran tomando el pelo.

Sin embargo, me di cuenta de que muchas personas (incluida yo misma hace un año) podían caer en el efecto de greenwashing de la marca y comprar esa camiseta convencidas de que habían realizado un buen gesto.

Y en ese momento me pregunté algo: ¿quién tiene la culpa de que esa camiseta se vendiese, la marca por intentar engañar y presentar un producto como lo que no es o nosotros como consumidores por comprarlo sin reflexionar?

¿De quién era la culpa que de que millones de personas tengan un sueldo indigno y unas condiciones de trabajo penosas

Estuve todo el día dando vueltas a esta pregunta y pensé que si algo me había enseñado este último año la moda sostenible es que antes no sabía o no quería saber nada.

Y ahí creo que reside el problema. No cuestionaba. No preguntaba el por qué de ciertas cosas. No era consciente de lo que vestía, comía o utilizaba en mi día a día.

¿Somos también lo que vestimos?

¿Somos también lo que vestimos?

Ahora me sorprende cómo durante tanto tiempo pude contribuir a la fast fashion, cómo pude comprar bolsas de plástico sin parar, cómo compré comida llena de alimentos sin sentido.

Lo lógico es asumir que yo tuve la culpa de contribuir a todo esto.

Si no me percaté del hecho de que para que yo pudiese comprar unos vaqueros por veinte euros, una mujer de mi misma edad en otro país tenía que fabricarlos por un euro al día, era porque yo no quería darme cuenta. 

Si utilicé montones de plásticos de un solo uso sin ser consciente del impacto medioambiental fue porque yo decidí usarlos.

Aún no teniendo los conocimientos que tengo ahora y no sabiendo el alcance de mis actos, no dejaba de tener responsabilidad por ellos.

Sin embargo, creo que también sería injusto culparme únicamente y señalar a los que como yo eligen un producto u otro cada día.

Existen un montón de alternativas a la fast fashion, a los plásticos de un solo uso o a los productos de limpieza con productos químicos, entre otros.

Pero seamos realistas, ¿cuántas personas los conocen? ¿Por qué es más fácil en España encontrar unos vaqueros Made in Bangladesh o Camboya que Made in Spain? ¿Por qué en los grandes supermercados la única alternativa a traer las bolsas de casa son bolsas de plástico? 

Por supuesto que somos responsables de nuestros actos, de lo que consumimos y lo que no, aunque no seamos conscientes de las consecuencias. Pero también creo que sería muy injusto culparnos únicamente a nosotros cuando las grandes marcas, las que más a mano tenemos en nuestro día a día, las que más influencia ejercen sobre nosotros, son en gran parte responsables de nuestra forma de consumir.

Sé que no todo el mundo se percata del impacto social o medioambiental que genera al comprar un determinado producto. Lo adquiere porque está cerca de casa, es barato o más cómodo que su alternativa sostenible.

Pero ¿qué pasaría si un día el mayor supermercado de España hiciese una campaña en contra del plástico de un solo uso, lo dejase de utilizar en los productos que vende y apostase por la compra a granel?

¿Que ocurriría si una de las grandes empresas de moda del país dijese "hasta aquí" y decidiese trasladar toda su producción a España, elaborar sus prendas con fibras sostenibles y empezar a cobrar un precio ético por ellas?

Quizá así cambiaría la mentalidad de muchísima gente. Quizá al ver el ejemplo de grandes empresas nos concienciaríamos de una vez por todas de que es necesario una modo de vida más sostenible. Quizá así aprenderíamos cuál es el valor real de las prendas que vestimos y de los productos que consumimos.

 O quizá no cambiaría nada. No lo sé. 

No sé de quién es la culpa de encontrarnos en esta situación. Lo único de lo que estoy segura es que está en nuestra mano cambiarla.