Sobre la necesidad de dejarnos a veces el móvil en casa

Después de una semana un tanto reflexiva, de mirar a mi alrededor y escribir el anterior post sobre comprar para siempre, he tenido la necesidad de revisar los hábitos de mi día a día.

Y sin duda, uno que prevalece sobre los demás es el móvil. Ese cacharrito que hace unos años ni siquiera existía y ahora prácticamente nadie puede vivir sin él.

Quiero contarte, por supuesto, mi día a día, que es de lo que puedo hablar, pero seguro que más de uno se identifica conmigo.

Cuestionando cómo usaba el móvil a lo largo del día y en qué momentos lo hacía, me di cuenta de que estaba más presente de lo que yo pensaba y unas preguntas surgieron en mi cabeza: ¿Cuándo decidí darle tanta importancia al móvil en mi vida? ¿Cómo puede ser el único objeto que me acompaña a todas partes hasta (casi) en la ducha? ¿Es realmente tan necesario como pienso?

Ando con él en la mano, lo consulto infinidad de veces al día para ver si tengo alguna notificación, respondo mensajes en menos de diez minutos, incluso estando con amigos o familia al lado.

Así, me levanto y me acuesto con el móvil, pasando un tiempo innecesario que podría dedicar a otras cosas como meditar o leer a final del día.

Miro a mi alrededor y veo más de lo mismo, adolescentes sentados en un banco con el móvil en las manos, adultos en el metro enganchados a la pantalla y parejas en un restaurante que ni se miran.

Quizá esta necesidad y dependencia que crea el móvil es por el sentimiento de tener que estar siempre disponible para todo el mundo, que siempre hay algo importante y urgente que atender y que si no lo haces me perderé algo importante.

Siento que es difícil poner un límite al uso del móvil porque siempre tiene algo que ofrecerte: una noticia nueva, un comentario en Instagram o un mensaje en whatsapp. La información no termina nunca y si no le pongo un límite puede invadirme hasta límites poco deseados.


Perdemos un tiempo muy valioso en consultar cosas sin importancia y que podríamos dedicar a lo que nos apasiona


Por eso, durante unos días decidí controlar cuánto tiempo pasaba con el móvil, sin limitar su uso, simplemente, tal y como lo usaba todos los días. Por la noche, miraba en los ajustes de la batería en el móvil, cuánto tiempo lo había usado. Y era mucho más tiempo del que creía.

Ahí es cuando me di cuenta de que, el móvil, es una adicción como cualquier otra si no se sabe controlar. Es fácil de usar, puede estar con nosotros en todos los momentos del día, generalmente nadie nos limita su uso y nos proporciona una sensación de alivio difícil de superar.

Ahora que era consciente de todo el tiempo que pasaba pegada a esa pequeña pantalla empezaba a entender el por qué y cómo podía solucionarlo.

Decidí que iba a reducir su uso en el día a día cuando estuviese sola y, directamente no usarlo cuando estuviese con gente, y me prometí que iba a llevar a cabo las siguientes acciones:

  1. Quitar las notificaciones del móvil

Sabía que mi enemigo eran las notificaciones. Si veía que me habían mandado un mensaje o había recibido un email, tenía que saber de qué se trataba y contestarlo inmediatamente.

Pensé entonces en el famoso refrán: ojos que no ven, corazón que no siente. Quizá si no veía los mensajes hasta que no estuviese dentro de la app, no tendría la necesidad de estar conectada en todo momento.

Solamente llevo unos días probándolo pero - de verdad de la buena - funciona.



2. Dejar el móvil en casa cuando salga de cena o a pasear

Aunque nunca he usado el móvil en exceso si estaba con gente, sí que lo consultaba de vez en cuando por si “había algo importante” y si algún día me había olvidado el móvil en casa sentía que me faltaba algo.

¿Salir de casa sin el móvil? ¿Te has vuelto loca? ¿Y si el plan se cancela o cambian el lugar? Todo esto se me pasaba por la cabeza antes de tomar la decisión de abandonar mi preciado móvil y salir a disfrutar de una noche con amigos. ¿Tan dramático es dejar el móvil en casa y enfocarme totalmente en la gente que tengo delante?

Me parecía todo un mundo.

Después de ponerlo en práctica unas cuántas veces re-aprendí que dejarse el móvil en casa es maravilloso. Que basta con avisar de que estarás en tal sitio a tal hora y si hay algún problema sabrán dónde encontrarte. Además, una conversación entre amigos o familiares sin móviles de por medio es una de esas cosas que jamás deberían haberse perdido.

3. APAGARLO UNA HORA ANTES DE IR A DORMIR

Esto, es probablemente algo que muy pocas personas hacen, aunque todas deberíamos. Y en mi caso, una de las cosas que más me cuestan.

Algo de lo que me percaté cuando examiné el uso de mi móvil, fue que a partir de las 11 de la noche, que ya no tenía ganas de hacer nada, pasaba una hora, como por inercia, en Instagram o Twitter. Casi nada de lo que veía me interesaba pero tampoco “podía” dejarlo. Perdía un montón de tiempo y a menudo me acostaba más tarde de lo que realmente quería. Así de triste.

Por eso decidí que a partir de las 22.30 o las 23.00 iba a apagar el móvil y dejarlo en otra habitación (por aquello de no tener la tentación de cogerlo) e iba a invertir ese tiempo en leer o meditar.


Con todo esto no quiero decir que el móvil sea nuestro enemigo. De hecho, nos permite comunicarnos con personas a las que queremos y que están muy lejos, podemos conocer a gente que se preocupa por los mismos temas que nosotros en Instagram, y podemos compartir contenido de valor o nuestro trabajo de forma fácil.

Los beneficios son incontables. Pero pasar más tiempo del necesario también es fácil.

Cuando dejamos de leer un libro por ver todas las publicaciones de Instagram, cuando dejamos de prestar atención a lo que nos cuenta nuestro amigo por contestar al mensaje en Whatsapp de otro o cuando nos olvidamos del paisaje para coger el móvil y grabarlo, estamos perdiendo un tiempo y una experiencia que no volverá. No podemos vivir a través de una pantalla.

Por eso he querido marcarme estas pautas en mi día a día y dedicar más tiempo a hacer, a leer, a escribir y en definitiva, a vivir.

¿Te unes a dedicar menos tiempo al móvil y más a lo que te apasiona?




Gracias por dedicarle un ratito a leer el post. y si es el primero que lees en Everyday Conscious, bienvenida, estoy encantada de tenerte aquí.

Aparte de este blog, empecé hace poquito un nuevo proyecto que es The Conscious Letter.

Es una newsletter un poco especial porque hablo de todo aquello que no tiene espacio en el blog pero que me encantaría compartir con vosotras. 

Cada domingo escribo con mucho cariño un nuevo mail, para que así nos podamos tomar juntas el café de la mañana. 

Si te apetece unirte, solo tienes que hacer click en este botón. 

Mil gracias por acompañarme






















Julia de las HerasComment