El valor perdido de comprar para siempre

Después de unos cuántos meses sin escribir aquí... ¡es hora de volver a retomarlo! Y es que tengo un montón de nuevas ideas para este nuevo curso.

Pero hay algo de lo que quería hablar y que lleva rondándome por la cabeza un buen tiempo. 

¿Qué pasa cuando compramos un objeto? ¿Lo compramos para siempre o hasta que se haya pasado de moda?

Recuerdo como de pequeña, cuando llegaba a casa con algún roto en el pantalón mi abuela le cosía un parche para poder seguir usándolo. Yo me quedaba tan contenta con mi "nuevo" pantalón, y mi madre y abuela por no haber comprado otro. 

Y es que en realidad, no había ninguna necesidad de invertir en un nuevo pantalón cuando este podía arreglarse de forma fácil.

Recuerdo, también, cómo rescaté del armario de mi madre una antigua cazadora vaquera, que, aunque me quedaba grande, guardé como un tesoro. ¿Quién no tiene una prenda de sus padres e incluso de sus abuelos?

Sé que ni mis padres ni mis abuelos tuvieron la mitad de cosas que yo tengo, pero aún así muchas todavía las conservan como recién compradas y me di cuenta de que a mí me costaba conservar algo más de un año.

 

Pensé entonces, que quizá la clave estaba en no tener mucho, pero lo que tuvieses, conservarlo para (casi) siempre.

 

Miro a mi alrededor hoy en día y veo cómo cada temporada las tiendas se llenan de ropa diferente, de mala calidad y producida en condiciones, digamos, no muy buenas. Es ropa que durará seis meses en los armarios y que después, al no estar ya de moda, pasará al olvido. 

Observo también como cuando se rompe algo, es más fácil comprar uno distinto a quizá intentar arreglarlo. 

Y es que todo es tan barato (y tan de mala calidad) que reemplazarlo es sencillo y apenas nos cuesta. 

Por eso extraño y admiro a partes iguales la filosofía que tenían nuestros padres y abuelos. El cariño y el cuidado con el que compraban algo y lo conservaban no hasta la próxima temporada, no, sino hasta que no quedaba más remedio que reemplazarlo.

También se fabricaba de otra manera. Se daba prioridad a la calidad, a que algo fuese duradero y útil el máximo tiempo posible. 

La mala noticia es que es la ley imperante hoy en día: comprar barato, usar poco tiempo, tirar, volver a comprar. 

La buena noticia es que nosotros tenemos el poder cada día de decidir en qué invertimos cada euro. Podemos optar por productos de usar y tirar o gastar un poquito más y apostar productos de calidad, fabricados de forma justa y que encima, nos duren un montón de tiempo.

Merece la pena, ¿verdad?


Quería aprovechar también para darte las gracias por leerme un día más y decirte que empecé hace poquito un nuevo proyecto dentro de Everyday Conscious que es The Conscious Letter.

Es una newsletter un poco especial porque hablo de todo aquello que no tiene espacio en el blog pero que me encantaría compartir con vosotras. 

Cada domingo escribo con mucho cariño un nuevo mail, para que así nos podamos tomar juntas el café de la mañana. 

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MIl gracias por estar aquí.

Julia de las HerasComment